jueves, diciembre 16, 2010

LA BUSCA


Autor: Pío Baroja, novelista; 1872-1956.

Otras obras: Tierra vasca, La vida fantástica, La raza, La lucha por la vida El pasado, Las ciudades, Las inquietudes de Shanti Andia, Memorias de un hombre de acción [serie novelesca formada por veintidós títulos] (novelas); artículos (crítica); ensayos, y biografías.

Género y corriente: Novela realista.

Estructura: Está dividida en tres partes, y éstas en capítulos (cuatro, nueve y ocho, respectivamente).

Sinopsis: En la sórdida casa de huéspedes de doña Casiana trabaja Petra como criada, "mujer flaca, macilenta, de pecho hundido, manos grandes y rojas, y pelo gris". Ésta es viuda y tiene cuatro hijos: dos mujeres, sirvientas como ella, y dos varones, que viven en un pueblecito de Soria con unos tíos maternos. El mayor de ellos, Manuel, "revoltoso y díscolo", es enviado a Madrid por su tío "porque en el pueblo pierde el tiempo", y su madre lo coloca en la pensión de doña Casiana como mensajero y para servir la mesa. Pero a causa de un violento altercado con uno de los huéspedes que lo insulta y golpea sin razón, a lo cual el muchacho reacciona enfurecido, Manuel se queda sin trabajo. Su madre le consigue otro empleo con un zapatero remendón, el señor Ignacio, y por un tiempo Manuel lo ayuda en su singular tarea de "regenerar el calzado".
Mientras, en compañía de Leandro, hijo mayor de don Ignacio, va conociendo los barrios bajos y su gente: el Bizco y su cuadrilla, la Corrala del tío Rilo, la Muerte, la taberna de la Blasa, el Tabuenca, el Lechuguino, el Valencia...
Como Milagros, la novia de Leandro, prefirió al Lechuguino, el amante despechado la mata y luego se suicida. Por este escándalo, don Ignacio se ve obligado a cerrar su taller.
Como Manuel otra vez queda sin trabajo, emprende una serie de andanzas sucesivas desempeñando variadas ocupaciones: se coloca como mozo en la panadería del tío Patas, como ayudante de hornero en una tahona y luego hace vida de golfo durante un tiempo. Esto da oportunidad para que, de nuevo, el autor nos presente la vida del submundo madrileño —sórdida, corrupta, amoral— donde se ve la promiscuidad del cincuentón tío Patas, casado en segundas nupcias con una joven de 20 años, y que consiente en las relaciones de su hijo con la madrastra, y luego se aviene a amancebarse con su cuñada, oportunidad propiciada por su misma mujer. Desde entonces, y gracias a esto, los cuatro "se entendían admirablemente".
Se describe una vida lastimosa donde pululan borrachos, hampones, busconas, mendigos —personajes como Karl, el alemán; la Salomé, el Expósito, el Cojo y su cueva, Dolores la Escandalosa, las cuatro "vestales del arroyo"—, y el hilo conductor de todos es la figura de Manuel, y la pintura de ellos está hecha a gracias a la observación, el detallismo y las pinceladas curiosas de Pío Baroja.
Más adelante, Manuel entra como criado de un trapero, el señor Custodio, de cuya hija Justa se enamora. Pero ella lo provoca con la intención de reírse de él, pues al mismo tiempo mantiene relaciones con el chulo y petulante Carnicería, "demasiado estirado y señorito para casarse con la hija, de un trapero".
Torturado por los celos y luego de cierta violencia suscitada entre él y la gente del Carnicería, Manuel abandona a su nuevo patrón "aunque se muriera de hambre", y una vez más se encuentra en la calle. Deambula en medio de la noche entre busconas, chulos y celestinas, hasta que amanece y "el Madrid trabajador y honrado se prepara para su ruda faena diaria". Esto lo hace pensar largamente. "Comprendía que la existencia de noctámbulos y trabajadores son vidas paralelas que no llegaban ni un momento a encontrarse. Para los unos, el placer, el vicio, la noche; para los otros, el trabajo, la fatiga, el sol. Y pensaba también que él debía ser de éstos, de los que trabajan al sol, no de los que buscan el placer en la sombra."
Junto con Mala hierba y Aurora roja, esta novela publicada en 1904 constituye la primera parte de la trilogía La lucha por la vida, la cual señala el momento cumbre de la narrativa de este autor. Los personajes se continúan de una a otra novela subrayando la unidad temática de las tres, así como el suburbio madrileño y los seres singulares que lo habitan, descritos en toda su crudeza.
La busca es un admirable estudio sociológico en torno de Manuel, especie de moderno pícaro; joven de muchos amos, a quien, contra su voluntad, la vida lleva a mezclarse con el lumpen de la gran ciudad, y el análisis de una serie de inolvidables personajes de los bajos fondos madrileños. También es ocasión para ofrecernos cuadros costumbristas del hampa, con formidable vigor.
La visión del autor es fría, descarnada, sintética, realista y objetiva. La estructura del relato es sencilla; trama y acción son lineales y captan de inmediato el interés del lector. Así, en La busca, con un-lenguaje natural y un estilo directo, Pío Baroja logra describirnos un mundo sin caridad y la crueldad de una vida hostil.